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Rpnunyez | Notas de campo: Dignidad y adaptabilidad humana frente a la adversidad.

TINDUF

TINDUF : UNA CÁRCEL SIN BARROTES [ 1996 ]

 

Apenas una décima de segundo de la vida en los CAMPAMENTOS DE REFUGIADOS DE TINDUF situados en el inhóspito noroeste sahariano cerca de la ciudad argelina homónima.

 

Allí sobreviven en la actualidad cerca de 180.000 saharauis expulsados de sus tierras y forzados al exilio desde que en 1975 Marruecos comenzara la ocupación de la antigua colonia española, primero de forma pacífica mediante La Marcha Verde (5/11/1975) e inmediatamente después mediante la ocupación militar de una de las ciudades santas de sus pobladores naturales Smara (27/11/1975) ,hecho que constituía el comienzo de un conflicto bélico de desgaste que duró hasta el 6 de Septiembre de 1991 fecha en la que se firmó el Plan de Paz y el alto el fuego.

 

Allí han sobrevivido también, hasta noviembre del 95, (algunos aún lo hacen) cientos de marroquíes capturados por el POLISARIO a lo largo de los casi 16 años de conflicto bélico.

 

Son los llamados “PRISIONEROS DE GUERRA LIBERADOS” que, después de haber pasado hasta veinte años en las cárceles del POLISARIO y haber sido liberados por sus captores en 1989 como gesto de buena voluntad, no fueron reconocidos por su propio país, Marruecos, pues su regreso como “prisioneros de guerra” implicaba la aceptación del hecho del “FRENTE POLISARIO” como gobierno legítimo de los saharauis.

 

Unos y otros - saharauis y presos marroquíes - víctimas de un largo y cruel juego de intereses económicos y estratégicos, intercambian sus roles de carcelero/prisionero en un clima de desazón e impotencia y en un entorno agresivo insultantemente infinito:UNA CÁRCEL SIN BARROTES . VOLVER

LISBOA

SANTA APOLONIA O LA DESIGUALDAD DE CLAUSIUS [ 2007 ]

En 2004 me interesé por el sabor del rico pasado colonial de Lisboa donde caboverdianos, angoleños, mozambiqueños y europeos conviven con aparente normalidad y con un envidiable nivel de integración social. En el verano de ese mismo año realicé el reportaje, pero de vuelta, ya en el cuarto oscuro, supe de inmediato que volvería a LISBOA

 

Normalmente, los proyectos fotográficos los concibo con antelación a toda la infraestructura que los desarrolla; en esta ocasión fueron las circunstancias las que interfirieron para dar un nuevo sentido al proyecto.

“El fluir de las cosas” quiso que imaginara ese segundo viaje durante tres largos años demorándolo hasta agosto del 2007, y “el fluir de las cosas” quiso que al poco tiempo de mi llegada a LISBOA me encontrara, literalmente, tirado en el suelo del vestíbulo principal de la estación de ferrocarriles SANTA APOLONIA con el tobillo destrozado y el pie derecho escayolado.


Alimentado por una extraña mezcla de dolor físico y de frustración, sentí en mis propias carnes que, por milmillonésima vez, había sido ejecutada una ley universal tan implacable como ignorada por nuestra cultura: todo tiende a la destrucción y al desorden: la vida representa un nivel de organización tan insultante para el caos universal, que nacer es empezar a deteriorarse para finalmente morir, por lo que nuestra existencia no es más que un mero tránsito ¿hacia…?

 

Tirado en el vestíbulo, me aferré a la cámara, me acoplé instintivamente a ella ; mi punto de vista había cambiado y no sólo espacialmente : su visor ya no me mostraba ni integración, ni marginalidad, ni metrópolis ni añorados sabores coloniales, sólo personas que, ajenas a las leyes superiores que las controlan , pasan sus vidas jugando, soñando, planificando, buscando, observando, deambulando, migrando... ignorantes de que el futuro sólo existe en su imaginación y que de una manera u otra, imperceptible o trágica, antes o después esa ley omnipotente, la Desigualdad de Clausius, acabará imponiéndose inmisericorde.

 

Me resulta curioso observar cómo todo el proyecto ha quedado impregnado por este espíritu, reinterpretando incluso, instantes captados en el primer viaje, algo así como si se hubiera producido un cambio de perspectiva con efectos retroactivos. Es éste , otro de los aspectos mágicos de la fotografía que me mantienen fiel a ella. VOLVER

EL SUEÑO DE FIDEL [ 2009 ]

 

Es difícil que el complejo personaje de Fidel Castro, amado y odiado a partes iguales, deje indiferente. Respecto a él se han hecho multitud de afirmaciones pero pocas tan incuestionables como el hecho de que durante 50 años varios millones de personas individuales, sumadas una a una, han nacido, crecido, pensado, vivido e incluso muerto conforme a su personalísima manera de entender el mundo.

Durante ese tiempo todo un país, Cuba, ha vivido sumergido en una peculiar mezcla de notable abundancia de consignas revolucionarias y de escasez y racionamiento materiales. También disfruta del más bajo índice de analfabetismo y la más baja tasa de mortandad infantil de toda América Latina.

Creo firmemente que carecen de relevancia los juicios que observadores ajenos hagamos de filántropos o dictadores; da igual si su sentido es condenatorio o aquiescente. Son las personas reales, las que se benefician de los actos de los primeros o sufren los anodinos delirios de grandeza de los últimos, las únicas legitimadas para juzgarlos, no tanto por lo que han sido como personajes públicos, sino por cómo sus decisiones han condicionado sus propias vidas.

 

Pocas veces se hace tan evidente como ahora, el pensamiento calderoniano de que la vida es sueño, pero en esta ocasión resulta esperpéntica, cuando no dramática, la legítima comparación entre la vida de quien libremente sueña y los sueños de quienes son soñados.  VOLVER

FIDEL
BELLEZA

BELLEZA PRIMIGENIA

 

Maestras, carniceros, matronas, niños, ancianos, sepultureros, periodistas, abogados, beatos, pecadores, prostitutas, sacerdotes.

Tersas pieles, o profundas arrugas de esas que pueden alojar toda una vida.

Senos firmes o pechos que apenas recuerdan lo que un día fueron.

Torsos atléticos, vientres excesivos, nalgas modestas, nalgas imperiales, corredores de fondo o impedidos.

 

Con la devoción propia de quien abraza una nueva fe o con el escepticismo de quien nada tiene ya que perder, se afanan en un ritual de sal y cieno que sugiere, más que una terapia de incierta eficacia científicamente demostrable, un ancestral rito iniciático.

 

Antes de la dosis diaria de la olorosa medicina, puedo vislumbrar, a pesar de sus vulnerables desnudeces, ciertos toques de individualidad: una piel bien hidratada, unas manos curtidas por horas de trabajo al sol, la discreta marca de un bikini o la de una camiseta al más puro estilo Marlon Brando….

 

Sin solución de continuidad llega el momento cumbre, el fin último del ritual: aplicado con visibles muestras de afecto o de solidaridad, un cieno negro y suave es aplicado como un manto aceitoso desde las plantas de los pies hasta los mismísimos párpados.

 

Y a veces –sólo a veces - sucede el milagro; no hablo de las decenas de historias, propias o ajenas, narradas con una sospechosa convicción, sobre los múltiples efectos terapéuticos de tal arcillosa práctica.

 

El milagro que me desvela el objetivo de la cámara es de otra índole.

 

Máscaras de pieles húmedas, resbaladizas y preñadas de raros brillos, como si de anfibios primitivos se tratara, o secas y agrietadas, como la de longevos paquidermos, desposeen a sus anónimos portadores de sus artificiales señas de identidad y, paradójicamente, les devuelven su verdadera y única condición de la que emerge una, tan olvidada como despreciada, belleza primigenia.  VOLVER

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